Estar en búsqueda de nuevo proyecto es un proceso duro, pero también muy interesante porque dedicas esfuerzos a cosas que normalmente no gozan de tu atención y lo haces de un modo reflexivo.

Una de estas cosas a las que sólo prestas atención cuando estás entre aguas es a la trayectoria profesional. Te hinchas a hacer currículos de todos los sabores y colores, a preparar presentaciones y a evaluar tus competencias preparando discursos sucintos y prolijos. Y siempre hay algunas preguntas recurrentes, especialmente cuando te hacen una entrevista por competencias. Una de estas cuestiones recurrentes es: “¿Algún punto importante de inflexión en tu trayectoria?”. En mi caso hay varios proyectos clave, varios puntos de inflexión, pero sin duda el que supuso una mayor inflexión fue Barrabes.com cuando en 1998, hace más de 18 años, me enrolé en un territorio desconocido de la mano de la familia Barrabés. Con ellos puse en marcha un comercio electrónico que, a la postre, terminaría siendo uno de los casos de estudio clásicos de Internet en España.

Cuando me preguntan las claves del éxito de “el caso Barrabés”, siempre les digo que la principal clave fue aprovechar el momento, algo que los hermanos Barrabés hicieron (y hacen) muy bien. Y para aprovechar el momento hace falta mucha visión, por supuesto, pero también grandes dosis de audacia y de valentía. Para mí esas fueron las principales cualidades que se unieron en Benasque para construir Barrabes.com: audacia y valentía.

No voy a contar el caso Barrabés, que es de sobra conocido por todos, aunque curiosamente en toda la literatura que he podido leer al respecto poco se habla del período entre 1998 y 2000, cuando lanzamos el embrión de lo que hoy es Barrabes.com. Pero fue inevitable que este proyecto apareciera rápidamente en mi cabeza, el primero, cuando me planteé hacer unas fichas de proyecto para mi porfolio personal online. Al desarrollar la ficha lo más asépticamente posible me di cuenta de que había muchos detalles emocionales y algunos de contexto que se debían quedar fuera pero que me apetecía contar. Así concebí este post que estás leyendo.

Lanzarse a la piscina

Cuando me preguntan las claves del éxito de “el caso Barrabés”, siempre les digo que la principal clave fue aprovechar el momento, algo que los hermanos Barrabés hicieron (y hacen) muy bien. Y para aprovechar el momento hace falta mucha visión, por supuesto, pero también grandes dosis de audacia y de valentía. Para mí esas fueron las principales cualidades que se unieron en Benasque para construir Barrabes.com: audacia y valentía.

Mi aterrizaje en Benasque tiene un culpable muy concreto y es mi condición de montañero. El año anterior, 1997, yo andaba por el valle haciendo un curso de escalada en la Escuela Española de Alta Montaña de Benasque (hoy Escuela de Montaña de Benasque) y muchos de los días pasábamos las últimas horas de la tarde trasteando con los cacharros de alpinismo y escalada en la magnífica tienda que Barrabés Ski y Montaña tiene en el pueblo, la más grande que yo había visto hasta el momento: cinco plantas repletas con todo el material que podías imaginar.

Años después, escalando la Vía Dibona a la Cima Grande di Lavaredo, I Dolomiti. Foto: Vlady
Años después, escalando la Vía Dibona a la Cima Grande di Lavaredo, I Dolomiti. Foto: Vlady

Allí, un cartel invitaba a dejar el currículo en la tienda y, ante la posibilidad utópica de vivir una temporada en un lugar idílico para un montañero, dejé el mío. Poco más de un año después, tras un par de contactos y una peculiar entrevista telefónica, dejaba Valencia para unirme a Barrabés Ski y Montaña en una aventura algo incierta pero terriblemente interesante.

Recuerdo que llegué con el coche cargado de trastos para “vivir los primeros meses” el primer domingo de septiembre de 1998, por la noche, con todo el pueblo prácticamente apagado y la temporada tocando a su fin. Pensé que no cenaba hasta que di con el único bar abierto a esa hora donde pude tomar unos pinchos y un rico txacoli como si del País Vasco se tratara.

En el ático de la tienda, frente al despacho de dirección, estaba el espacio que sería nuestro cuartel general. Allí colgamos el tablón de corcho que sería nuestro strategy canvas y allí pergeñamos en equipo la estructura que se convertiría en la esencia de Barrabes.com, desde los comentarios a los productos hasta la revista, pasando por un gran esmero en el detalle en la información de producto.

Aún hoy me pregunto cómo sucedió que ellos se atrevieran a contarme a distancia, con tan poca información, y que yo me lanzara a semejante aventura dejando mi casa, familia y amigos en Valencia.

El equipo

Fue también allí, en el ático, donde encontré el primer miembro del equipo, un miembro que sería clave: Santi Pinilla. Me dijeron que era del equipo, aunque su labor principal era maquetar el catálogo de venta por correo que en aquel entonces se distribuía a todos los clientes de Barrabés. Después de saludarnos le pregunté “¿Sabes algo de HTML?”, a lo que me respondió que no. Le pedí que buscara algo de información online y que a la tarde dedicaríamos un rato… cuando nos vimos por la tarde, tenía hecha una página web bastante completa. Así es Santi, y sin él todo habría sido mucho más difícil, no habríamos tenido un comando preparado para todo, muy autónomo y siempre eficaz.

Otra parte clave del equipo del que no fui enteramente responsable fue la empresa Renacimiento, que ya no existe tras una venta y fusión exitosashace unos años. Microsoft, de la mano de Luis Martín, que se había convertido en partner de Barrabés poco antes de mi incorporación y nos ofrecía apoyo de todo tipo salvo económico (principalmente de comunicación y networking), nos recomendó a Renacimiento, una empresa especializada en tecnología Microsoft, formada por chicos muy jóvenes y muy competentes. Fue un placer trabajar con ellos y, a pesar de ser un equipo externo, trabajaron como si el proyecto fuera propio. Gran parte de la velocidad con la que trabajamos y la robustez del producto fue mérito exclusivamente suyo, de los socios, Enrique de la Tore, César de la Torre, Vicente Vázquez, David Rodríguez y Jaime Pereña, y de Luis Fraile, el líder técnico asignado al proyecto que pasó innumerables horas trabajando con nosotros codo con codo en Benasque.

Parte de Equipo de Barrabes.com en 1999
Parte de Equipo de Barrabes.com en 1999, de izquierda a derecha y de arriba a abajo: Javi Campo, Marga Nerín, Ramón Puchades (yo), José Cristóbal Barrabés, Santi Pinilla y Carlos Barrabés. Foto: colección de Marga Nerín.

Una de las primeras personas que se incorporaron al equipo después de mi llegada fue Marga Nerín, una periodista de Barcelona con ascendencia en el valle. Y fue así porque uno de los primeros servicios que concebimos para arropar la venta fue una revista online. Estábamos convencidos de que a través de las noticias de la montaña y de los artículos de fondo sobre el material y su uso tendríamos visitantes a la tienda y más apoyo a la venta. Ahora, muchos años después, Marga y yo sabemos que, sin proponérnoslo, estábamos haciendo algo que hoy en día está muy en boga: inbound marketing y Marketing de Contenidos. Fue todo un acierto y Marga resultó tener una visión muy estratégica respecto del contenido.

Obviamente tuve que completar el equipo y, a pesar del glamour de Benasque, no fue una tarea fácil, así que renunciamos a reforzarlo con profundidad técnica y nos centramos en sumar personas versátiles, capaces de maquetar cosas sencillas, retocar imágenes o redactar textos, donde Ángel Sánchez “Piza”, y Javi Campo fueron piezas clave. También algo de apoyo en marketing y comunicación donde tiré de proximidad, porque tenía a mano a María José Gil recién titulada en Ciencias Empresariales (todavía no se había lanzado a la interpretación).

Para el diseño, tras el intento fallido de trabajar con una empresa de Zaragoza, optamos por intentar incorporar un diseñador en el equipo tentando en vano a un bisoño Álvaro Varona. En vano porque se acababa de incorporar a una prometedora empresa navarra, New Media Publishing (hoy Biko2), a quienes terminamos contratando con magníficos resultados.

En definitiva un gran equipo (interno y externo), gracias al que tomé conciencia de una frase que ahora repito como mantra: “El mejor equipo es un grupo de gente competente comprometida y capaz de trabajar juntos”.

El proyecto

El proyecto en sí es historia. Poca cosa que no se sepa ya. Para mí supuso una experiencia transformadora de aproximadamente año y medio en la que trabajamos muy duro, durísimo, durmiendo poco y librando poco, pero que nos reportó grandes satisfacciones.

En el tiempo que yo pasé en Benasque sacamos tres versiones del comercio en las que afinamos mucho en cada iteración: mucho trabajo de lo que hoy en día llamaríamos UX, de desarrollo funcional, prueba de servicios y modos de organizar las cosas, mucho trabajo intenso rellenando innumerables fichas de producto (en aquella época los fabricantes suministraban muy poca información y escaso material fotográfico de baja calidad), muchas conversaciones con medios, peleas con la banca (como no), dudas y hasta problemas técnicos que a la vista de hoy resultan rocambolescos (tuvimos un corte de conexión de varios días porque una excavadora cortó el cable de Telefónica en el tramo de Eriste a Benasque).

También cosas divertidas, como enviar a la pobre Marga, que nunca había escalado, a encaramarse a una pared con Christian Ravier para entrevistarlo o el fin de semana que pasamos con el equipo internacional de Intel y Microsoft (de Alemania, EE.UU., Finlandia, Francia y España) con el que preparamos el proyecto Pangea y que terminamos llevándonos de rafting ante el estupor de alguno de ellos.

Marga escalando con Christian Ravier y su hijo, todo por una entrevista. Foto: colección de Marga Nerín.
Marga escalando con Christian Ravier y su hijo, todo por una entrevista. Foto: colección de Marga Nerín.

Y, por supuesto, conseguimos buenos resultados, consolidando a Barrabes.com como uno de los primeros comercios electrónicos en España, rentable, con ventas internacionales, clientes fieles, entrega en 24 h. en la península y pasarela de pago transparente (toda una revolución en la época).

Un premio a la audacia de la familia Barrabés: José Cristóbal, con quien trabajé excelentemente en el día a día, Carlos, con quien compartí visión, charlas y hasta una segunda época años después, Arturo, que estaba estudiando en aquella época pero que siempre hizo aportaciones sagaces en sus visitas y José, su padre, que todos los días estaba ahí para dar los buenos días al entrar a primera hora y las buenas noches al salir en el cierre y a quién tuve el placer de saludar Benasque hace no mucho.

Transcripción del post publicado en Medium

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