El pasado 25 de febrero tuve el honor de ser entrevistado por Jaime Estévez en GentePlus, el interesante, recién estrenado y todavía en beta programa de Agoranews. La propuesta me pareció muy divertida cuando vi el piloto del programa con Agustín Cuenca y, como soy un aventurero, acepté.

La verdad es que es un placer conversar con un amigo como Jaime y al final resultó una experiencia divertida y muy estimulante en la que, en algunos momentos, llegué a perder por completo la sensación de estar siendo entrevistado en directo, olvidando las cámaras. Me me sentí muy arropado por Jaime y la conversación fue muy distendida. Sólo faltaban las cañas.



El detallado repaso a mi trayectoria profesional me sorprende incluso a mi, por vasto, por dicerso y por movido (especialmente en épocas muy concretas relacionadas, además, con sendas crisis). Y quizá destacan muy visiblemente los despidos, motores indirectos de dos de mis emprendimientos.

Pero lejos de resumir aquí la entrevista, mi intención al rescatarla es responder a aquellas preguntas que entraron por Twitter y que, por razones obvias de tiempo, se quedaron sin responder.

Las preguntas pendientes


Pues yo opino que razonablemente bien a pesar de las fuerzas que operaban en contra. Había algunos problemas importantes como la credibilidad en el pago y la novedad del espacio; Internet era algo desconocido para la mayoría de la población y, también, algo muy poco robusto. A pesar de ello, y teniendo en cuenta que Barrabés fue uno de los primeros comercios que integró una pasarela transparente (algo que hoy en día todavía es una excentricidad), creo que funcionó razonablemente bien en los comercios que ofrecían productos demandados, como fue nuestro caso. Aún así he de decir que la banca siempre jugó en contra por motivos que nunca he alcanzado a comprender.


Creo que estas dos preguntas, aunque no fueron seleccionadas, quedaron suficientemente respondidas, siempre bajo mi percepción subjetiva, al responder a la pregunta de Aitana Blanco.


Digan lo que digan, los fracasos son duros y te los tomas como puedes dependiendo mucho del momento. Hay algunos que son especialmente dolorosos y otros que te persiguen mucho tiempo (como los financieros, por ejemplo). Sin embargo yo creo que hay que contar con ellos, asumirlos y esforzarse por conseguir dos cosas de ellos: primero que no te jodan la vida y que no pierdas las ganas de hacer las cosas que te gustan (y si emprender te seduce, volver por supuesto cuando sea posible) y, segundo, intentar que sean un bagaje profesional que pueda serte útil en el futuro, como persona y, por supuesto, también como empresario.


No es un tema sólo de las grandes empresas es un tema de las empresas en general. Hay que pensar que el concepto de empresa viene fundado, consolidado, de la época de la revolución industrial y que se ha desarrollado hasta la empresa moderna después de la segunda guerra mundial. Eso ha configurado un concepto de empresa muy estático, muy rígido, generalmente gobernado por financieros o ingenieros industriales. No es malo, sólo es así, pero esto ha hecho que las empresas sean máquinas de optimización basada en la repetición de procesos aplicando ligeras mejoras incrementales, generalmente en la optimización de costes y de tiempos. Ahí es muy difícil, sino imposible, que viva la innovación disruptiva, quizá sí algo de innovación incremental, pero tampoco demasiado.

Las grandes empresas hacen eso muy bien (las que hacen bien lo que deberían hacer, vamos) y, por lo tanto, no tienen resquicios para la innovación porque para eso tienes que parar la repetición y repensarlo todo o casi todo desde el principio. Cuando eran pequeñas, cuando no tenían un modelo empresarial claro, innovaban por necesidad, para buscar ese modelo, el hueco en el mercado. Es un momento en el que la empresa tiene que ser ágil por fuerza… pero eso termina cuando encuentras cual es el modelo rentable.

Ahora, lamentablemente para muchas empresas, el escenario ha cambiado por muchos motivos que sería largo de explicar, y eso ha hecho que incluso las empresas grandes se vean forzadas a innovar. Y ese cambio estructural de modelo de operación, de relevo de gestores (quizá deberían gobernar las empresas perfiles de marketing o diseñadores, profesionales más creativos en definitiva), de agilidad en definitiva. Eso es un proceso inevitablemente muy, muy doloroso y también muy, muy costoso en términos de inversión económica. Por eso cuesta tanto.


Si lo supiera no estaría aquí respondiendo preguntas. Creo que, como visionario dejo bastante que desear, con intentar prever a muy corto plazo para surfear la siguiente ola me doy por satisfecho. No obstante voy a intentar responderte: creo que la combinación de honestidad y compromiso con los clientes, socialización y objetos conectados (la famosa Internet de los objetos).


Es muy difícil saberlo. De hecho, nunca lo sabes. Lo único que puedes hacer es protegerte ante las posibles incidencias que puedan surgir y tratar que sea complementaria a tus habilidades. Por supuesto también es importante que los conocimientos de tus compañeros sumen de algún modo en el proyecto.

Para protegerte tienes que tener un buen pacto de socios, que sea muy claro y comprendido y compartido por todos, también tienes que conocer lo máximo posible las facetas profesionales de tus compañeros (si llevan bien la presión, que habrá, y mucha, etc.).

Y, para mi, algo vital, importante, es que sea gente que te caiga bien, con la que empatices y que compartan tu sentido del humor y tu visión de algunas cosas importantes de la vida. Hay que tener en cuenta que pasaréis mucho tiempo juntos, muy cerca unos de otros y viviendo momentos intensos. Si no te caen bien, en un tiempo breve los odiarás. De otro modo, tardarás algo más en odiarlos (pasar, tarde o temprano pasará, pero si te caen bien igual hay opciones de arreglarlo :D)


Sinceramente no tengo experiencia. Hace poco leí un post que ponía la balanza muy desequilibrada en cuanto a los temas fiscales que, en España frente al Reino Unido, jugaban más en contra que en otros países. Yo creo que España ofrece muchas ventajas para emprender frene a otros países como el alto nivel y bajo coste de los profesionales, la situación geoestratégica para muchos proyectos con vocación internacional, etc.

Además yo soy un firme creyente de que debemos pagar impuestos y de que eso es bueno para todos, colectivamente. Esos impuestos sirven para muchas cosas que nos benefician en el momento de constituir y durante todo nuestro periplo como empresarios. El problema quizá está más en la forma, en cómo se reparte todo eso en el momento de constitución y los meses posteriores, tan críticos especialmente en términos de ingresos frente a gastos e inversión. Cualquier cosa que suavice esa curva, adaptándola a la evolución real de la nueva compañía, sería una magnífica noticia para todos los emprendedores españoles.

La entrevista según Twitter, en Storify

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