La semana pasada asistí a dos eventos solapados y ambos me dejaron cierta desazón, así que me he animado a escribir este post. El primer evento, organizado por Asimelec, fue la I Jornada Retos de la Industria Española de Contenidos Digitales; el segundo fue La Red Innova, un evento prometedor de tendencias e innovación online.
Aunque la I Jornada de Asimelec se solapaba el lunes por la mañana con la inauguración de La Red Innova, decidí asistir porque me pareció interesante que la Industria que ahora consume la mayor parte de mi tiempo se planteara los retos de futuro.

La Ministra de Cultura y el Presidente de Asimelec en la Jornada
La Ministra de Cultura y el Presidente de Asimelec en la Jornada

El plantel, inicialmente, resultaba muy interesante pues incluía personas relevantes de diferentes ámbitos del sector: editorial, juegos, administración, etc. El programa también prometía temas interesantes como el libro digital o las plataformas digitales de distribución.

El resultado, sin embargo, no resultó acorde con lo esperado. Al margen de algún guiño de la Ministra, alguna noticia efectista desde la administración y algunos miembros díscolos en las mesas como Ramón Nafría o Angel María Herrera, todos los representantes de la industria más convencional demostraron algunas de las carencias evidentes del sector. Estas carencias se pueden resumir en dos grandes grupos: miedo y expectación por un lado y falta de visión y empuje por el otro.

El sector entero está siendo sacudido por algunas revoluciones importantes de mano de la tecnología, empezando por los soportes (desde el navegador hasta las nuevas tabletas táctiles) y terminando por momentos de consumo del contenido (ubicuidad, accesibilidad de la conexión, etc.). Sin embargo lejos de experimentar nuevos territorios, pensar de manera nativa en el nuevo terreno de batalla e invertir en I+D+i, descubrí un sector que está esperando encontrar un modelo de éxito que poder copiar y, mientras, haciendo algunos esfuerzos de desarrollo que permitan perpetuar modelos obsoletos e insostenibles.
Mi reflexión final fue: quizá si hubieran aplicado el mismo esfuerzo de inversión en innovar y crear que han aplicado en intentar regular y preservar modelos de negocio anteriores, muchas de las empresas presentes en las jornadas estarían liderando el mercado de los contenidos digitales en español. Creo que es importante hacer esfuerzos hacia el futuro, pero no intentando detenerlo, sino adaptándose a él.

Después del arranque del día con Asimelec, me marché hacia La Red Innova con muchas expectativas y, también, con bastantes recelos.
Asistí el año pasado al evento y me quedó la sensación de que realmente todo o casi todo lo que se decía distaba mucho de ser innovador para la mayoría de la audiencia. Sobre todo porque la audiencia estaba llena de “viejos rockeros” de internet. Estábamos casi todos, viejos conocidos y no tan conocidos pero igualmente viejos en proyectos de internet. Así que consumí casi más tiempo saludando y charlando con amigos y colegas, que escuchando ideas frescas, innovadoras o, al menos, discrepantes.

Pero pensaba que esta edición, la segunda, por fin afianzaría la idea que parece querer representar, el de ser “punta de lanza” de Internet, aprovechando la capacidad de congregar a casi todos los actores de este mundillo, expectantes y ávidos de nuevas ideas.

Pablo Larguía y José María Figueres, fundadores de La Red Innova, clausurando el evento - Foto de Victoriano Izquierdo
Pablo Larguía y José María Figueres, fundadores de La Red Innova, clausurando el evento – Foto de Victoriano Izquierdo

Sin embargo, el evento de este año 2010 fue de nuevo una fiesta del sector, un punto de encuentro en el que lo más interesante fue encontrarse con amigos, colegas y competidores en los pasillos y en los descansos. Pero no hubo atisbo del evento innovador de referencia que yo esperaba encontrar.

Creo, en definitiva, que podemos avanzar o quedarnos en el día de la marmota hasta que todos los ejecutivos y profesionales se reciclen en las nuevas tecnologías, repitiendo eventos para cada nuevo actor en el sector. Si esa es la opción, voto por quedar directamente a las tapas y “enlatar” la presente edición de La Red Innova (o incluso la anterior, no habría mucha diferencia para ellos) y proyectarla en los cines a un precio módico: he ahí un modelo de negocio innovador, que puede ser interesante para un sector en crisis permanente como los cines, aprovechando una necesidad patente en el tejido empresarial español.

Yo apuesto, no obstante, por darle a La Red Innova una nueva oportunidad el año próximo, en 2011, para que satisfaga por fin las expectativas de buena parte del sector y las necesidades de las empresas españolas que, al fin y al cabo, no distan mucho aunque muchas de estas últimas todavía no lo sepan.

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