Enfrente de mi oficina hay un edificio en obras y está tapizado con dos lonas gigantes con publicidad de una marca de automóviles para promocionar su gama de todoterrenos. Y, desde que la pusieron, llevo sufriendo cada vez que las veo. Había algo en ellas que no terminaba de funcionar porque me costaba leerlas y no acababa de entender el mensaje. Asíque las analicé.

Leer de arriba a abajo y de izquierda a derecha.

Lo que peor sensación me daba era intentar leer las lonas y entonces comprendí que, por alguna extraña razón, estaban escritas de abajo arriba, de modo que la frase que normalmente se leería “Sube a la altura de tus sueños”, se leía en realidad como “de tus sueños a la altura Sube”. Pero en una de las lonas se habían superado facilitando la labor de desconcierto poniendo mayúsculas al inicio de cada línea por lo que ni siquiera se identifica el inicio de la frase y se lee “Hyundai Todoterreno Súbete a un”.

No sé cual es el motivo o excusa por el que el creativo que hizo las lonas tuvo la feliz idea de montar las frases de abajo a arriba. ¿Quizá que el viandante iba a estar más bajo que la lona?. En general, alguien demasiado cerca de la lona la verá mal… pero el resto de personas que están a más de 100 metros, y a quienes va dirigido obviamente por el inmenso tamaño de la misma, lo verán igual que si miraran un papel, una valla u otros elementos habituales.

Además, el español se escribe (y se lee) de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Y, aunque sé de lenguas que se escriben de derecha a izquierda y de arriba a abajo (árabe o hebreo), o que se escriben de arriba a abajo y de derecha a izquierda (chino), nuncha he oído hablar de lenguas que se escriban de derecha a izquierda y de abajo a arriba. Muy difícil.

Lona de Castellana
La magnífica lona en el lateral que da al Paseo de la Castellana.

¿Subir o bajar?

En la lona que da al Paseo de la Castellana, aparece un coche flotando del que cuelga una escala de cuerda con un hombre que parece que sube, intentando reforzar la idea de subir y alcanzar un sueño. Nada que objetar a pesar de que la gráfica tampoco me parece muy afortunada.

Sin embargo, la otra lona, la que da a Alberto Alcocer, ya es otra cosa. La imagen que pretende reforzar el texto muestra un coche flotante del que cuelga una cuerda en la que un hombre hace rappel. Y el rappel es, curiosamente, una maniobra de descenso. Sí, de descenso.

Quizá, una vez ha subido a la altura de sus sueños (por la escala), ha decidido que prefiere seguir soñando y, por eso, desciende. Mala idea.

Lona de Alberto Alcocer
La otra lona, en la calle Alberto Alcocer. 

No hay mérito en ser el tercero.

Por si lo anterior fuera poco, la lona, para acreditar que un Hyundai es un sueño, añade una leyenda que dice que la marca ocupa el tercer puesto en el ranking de ventas de todoterrenos. La redacción es rara, pero es lo de menos: lo importante es que no hay mucho mérito en ser el tercero en ningún tipo de competición.

El marketing y, por tanto la comunicación, es un negocio de percepciones. No lo digo yo, lo dice Mr. Al Ries, y lo hace desde hace ya una buena cantidad de años. Y en términos de percepción, ser el tercero es como no ser.

Adoptando un ejemplo que suele utilizar Mr. Ries, apostaría a que casi todo el mundo sabe quién fue el primer hombre en pisar la luna, Neil Armstrong; un puñado no muy grande de personas sabría decir quién fue el segundo hombre, Buzz Aldrin, quien sólo lo hizo instantes después. Pero al señor Charles “Pete” Conrad, no lo conoce absolutamente a nadie. El Sr. Conrad hizo un buen trabajo y rescató una cámara que llegó a la luna antes que el primer alunizaje del Apollo 11, transportó bastante material desde la luna para analizar y, además, tenía más sentido del humor, descanse en paz. Sin embargo, fue el tercero, unos cuantos meses después del primero. No existe para la percepción.

Y el remate para la gloria de las lonas, es muy divertido. Casi hilarante. Y tiene que ver con un asterisco que hay al final de la leyenda que atribuye a Hyundai el tercer puesto en el ranking de ventas. Me tenía intrigado porque no había nada a la vista relacinado con ese extraño asterisco hasta que, casualmente, pasé por debajo de la lona del Paseo de la Castellana (sólo está en escrito en esa lona) y lo vi. Creo que la imagen es autoexplicativa.

El misterioso asterisco.
No se puede ser el tercero toda la vida.

Pues que lástima.

Es una verdadera lástima que la importante inversión que ha supuesto esa lona y la magnífica visibilidad de la que goza en pleno distrito financiero de Madrid no haya tenido un mejor uso. Pero claro, esta es mi impresión subjetiva ya que para eso escribo este blog.

3 thoughts on “Un desastre de 30 metros de altura

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